Teatro Coronel Lindbergh en el Parque San Martín (Parque México). Remate del escenario, la altísima columnata es una obra muy fotogénica y motivo de admiración a casi 85 años de su creación. (Foto: Alain Prieto, 2011)

“El mundo me perteneció a la hora que cabalgaba sobre él. Libre de la tierra, libre de las montañas,
libre de las nubes, y sin embargo qué inseparablemente estaba unido a ellas”.

Charles A. Lindbergh

“Love is in the air, everywhere I look around”

John Paul Young

¡Pista despejada! Permiso concedido para aterrizar.

¡Saludos, mis terrestres amigos! Les traigo esta nueva entrega que espero hacerla divertida o al menos interesante. Advierto que es la más larga hasta ahorita producida.

Bienvenidos.

Cuando todavía era un albur subirse a un aparato volador con un solo motor (y con más también), hubo personajes que se atrevieron a lo impensable, ya sea por su espíritu de aventura o por la tremenda curiosidad y ansia de retarse, sentir la galopante adrenalina, o por conseguir —por qué no— algo de fama y celebridad.

Esto lo logró como pocos Charles Augustus Lindbergh, un personaje muy carismático con un aura a ratos parecida a la de John F. Kennedy, solo que más serio. Sencillo de trato y postura, el estadounidense de ascendencia sueca era flaco, gigantón de 1.94 de estatura, rubio y de ojos azules que hipnotizaron a muchas damas a lo largo de su vida. Tuvo 13 hijos y al menos cuatro hogares. Odio contarles esto antes de ir al meollo de esta entrega, pero no pude evitar enterarme más de quién fue este individuo tan real y terrenal.
Bueno, pero ¿qué hizo? Algunos de ustedes lo saben de sobra pero, para los que no lo ubicaron de entrada, bastará decirles que fue el primer ser humano que cruzó solo en un vuelo sostenido de 33 horas y media todo el tramo entre Nueva York y París que abarcó el Océano Atlántico, allá en el glorioso mayo del año de 1927, época que es de suma relevancia para esta historia que les voy contando.

Nacido en 1902 en Detroit, Charles fue hijo único de padre sueco y madre americana. Estudió ingeniería en la Universidad de Wisconsin y antes de concluir inició en Nebraska su mítica carrera en la aviación. (Foto: collecting-celebrity-autographs)

LA HAZAÑA Y OTROS DATOS SORPRENDENTES

¿Pero, de verdad fue tan importante este hecho? Se dice fácil porque ahora se hace decenas de cientos de veces al día. Y ése es justo el mérito. En realidad los primeros en cruzar el gran charco sin escalas (cosa que no es conocida) fueron los ingleses John Alcock y Arthur Whitten Brown, que volaron 15 horas desde Lesters Field, cerca de San Juan de Terranova (isla canadiense), hasta Clifden, Irlanda en junio de 1919. Pero lo que nuestro amigo hizo fue cumplir el sueño de unir dos grandes ciudades por las que se llevó los fabulosos 25,000 dólares del Premio Raymond Orteig que precisamente era ofrecido desde 1919 por este hotelero neoyorquino, y de paso el reconocimiento de todo el planeta.

Así reportó la proeza este diario neoyorquino el domingo 22 de mayo de 1927, el día siguiente de la llegada de Charles a París. (Foto: anydate.com)

Resulta engañoso cruzar en 1919 el Atlántico en 15 horas y en 1927 en 33, lo que ocurre es que el trayecto tierra adentro de Lindbergh (para llegar a París) es la diferencia. De hecho su ruta es bastante más abierta que la de los dos ingleses, por lo que se comprende. Me clavé un poco en esto que ya resultó clase de historia de la aviación, pero aunque confieso que ya me piqué con la investigación, no es el objetivo final, sino sólo un antecedente amplio que permite demostrar el porqué de la admiración que se le tuvo a “Lucky Lindy” —otro de su motes, por lo afortunado que era— y cuyo encanto desencadenó el motivo urbano de esta narración, en la que aparecen conexiones y coincidencias muy llamativas.

TO BODLY GO WHERE NO MAN HAS GONE BEFORE

Este subtítulo me lo fusilé dela serie original de Star Trek, Viaje a las Estrellas, que en su introducción apela al sueño de ir más allá. La serie sale al aire tres años antes de que el hombre llegue a la Luna, por lo que se vuelve premonitorio el “ir osadamente a donde ningún hombre ha ido antes”. Nuestro piloto no pasó un día y medio en una nave cómoda, llena de luces y computadoras, o con alguna compañía como la Teniente Uhura o el Sr. Spock. No. El chico de Detroit cubrió el trayecto sin poder estirar sus piernas, algo parecido a lo que me pasa a mí en los micros y camiones, incluidos los turísticos, dado que las dimensiones oficiales e históricas de la cabina de su aeronave son de 94 centímetros de ancho, por 81 de largo y 1.30 de alto.

Charles afianzó la puerta, como si fuera un Cristóbal, para que se le perdiera el miedo a la distancia y al inclemente Atlántico que 15 años atrás se había tragado al Titanic, un barco que se presumía sería el más veloz en cruzar esa inmensidad marina, la misma que Charles vencía en su Spirit of Saint Louis. Su avioncito era un Ryan de un asiento (monoplaza), con un solo motor curiosamente de marca Wright de 223 caballos de fuerza, todo fabricado, desde luego, en los Estados Unidos.

Esta vista aérea deja ver el avión Ryan de Lindy con su matrícula clásica en el aeropuerto Le Bourget de Paris rodeado de eufóricos ciudadanos y reporteros. (Foto: iconicphotos.wordpress.com)

Por su juventud, no se forjó en los combates aéreos de la Primera Guerra Mundial que tan famoso hicieron a Manfred Von Richtoffen, el fantástico Barón Rojo. Pero al igual que el as alemán de los biplanos, el joven americano gozó de una formación militar por la sencilla razón de que ahí era donde había más aviones y podía practicar, un sueño que tuvo desde muy pequeño. Ya con ese callo pasó al servicio postal, transportando correo, lo que le dio muchas millas en especial entre Saint Louis (de donde toma nombre su avión) y Chicago.

Lo de coronel, claro, le venía por haberse graduado y ahora ser reservista de la Fuerza Aérea para la que realizó misiones más tarde durante la Segunda Guerra Mundial (Teatro del Pacífico que no es un teatro como el que nos ocupa), a pesar de haberse pronunciado muchas veces contra la participación de Estados Unidos en el conflicto, lo que desde luego repensó después de Pearl Harbor, y también después de haber sido abiertamente pro hitleriano —en mala hora— maña que al parecer también se le quitó luego. El papá de Charles y además su tocayo, igual se opuso siendo congresista a la entrada de EU a la Primera Guerra Mundial, por lo que ya venía de familia esto de ser pacifistas.

Por algo declaró nuestro flaco personaje: “He visto la ciencia que veneraba, y las aeronaves que amaba, destruir la civilización a la que yo esperaba que sirvieran”.

Aquí, a sus 23 años graduado como Teniente 2° de la Escuela de Aviación en Kelly Field, Texas. (Foto: USAAC, 1925)

El vuelo mítico del cartero de 25 años, a quien apodaron “El Águila Solitaria”, puede ubicarse en los hitos de los viajes de la humanidad. Aunque no en la categoría de “primeros-primeros” que quedaría para el globo de los hermanos franceses Montgolfier en 1783 o el Wright Flyer de los hermanos Wright en 1903 (nada que ver con el motor de Lindbergh), o para el brasileño Alberto Santos Dumont —primer aeronave impulsada por motor­, quien aventajó a los Wright por cinco años y glorificó al siglo XIX.

Incluso un ‘primero-primero’ lo posee nuestro mismísimo Francisco I. Madero, primer jefe de estado en volar en avión (30 de noviembre de 1911) y hasta el barbón Carranza, ya que sus aviones fueron los primeros en lanzar bombas en una batalla y lo hicieron sobre Guaymas, Sonora, allá por 1913, ¡háganme favor! Para eso estamos buenos, para partirnos a trompadas.

George Miller Dyott, pionero americano quien realizaba vuelos de exhibición, invitó a Madero quien dicen se subió sin titubear al avión Deperdussin de dos plazas (iba en la de adelante vestido como se ve, pero se puso los gogles), dándoles un susto a todos por casi un cuarto de hora. Es una pena que no se tengan fotos de calidad de aquel hecho. (colegiodepilotos.org.mx)

Sin embargo, para su entonces, lo que hizo nuestro amigo Charles era algo así como llegar a la Luna. Su pedazo de maniobra le dio la vuelta al mundo y se le tuvo por héroe de entre guerras, lo cual fue muy bueno porque lo mismo se le recibió con bombo y platillo de un lado y otro del planeta, en naciones que poco más tarde se partirían los cráneos entre sí. Como buen hijo del Tío Sam, se dice que el Coronel Lindbergh llevaba sándwiches hechos con pan de barra, un invento norteamericano. El dato es conocido y razonable. Hay una película biográfica muy buena (The Spirit of Saint Louis, 1957) que protagoniza James Stewart interpretando a Lindy y donde los sándwiches son tan indispensables como Patsy, la gatita negra del coronel que lo acompañó en diferentes vuelos, pero no en su más histórico porque Charles temía por su vida. Más adelante la volveremos a ver en la Huella número 6.

Jimmy Stewart como siempre muy simpático en esta película de la Warner Brothers. Con todo lo buen actor que era, tenía con sus 48 años que representar a un Lindbergh de 25 y un poco mayor. (Frame: 1957timecapsule.wordpress.com)

Aunque tuvieron que teñir su cabello, con casi la misma estatura, flaco como aquel y con sus expresiones juveniles, el actor (quien era uno de los favoritos de mi papá) hizo un excelente trabajo de la mano de Billy Wilder, ¿ya la vieron? Éste último también dirigió Una Eva y dos Adanes, con la preciosa Marilyn Monroe.

Pero no sólo eso. Sorprendentemente el propio Stewart era piloto certificado desde 1938 y además por sus servicios de aviador en la milicia durante la Segunda Guerra Mundial, es uno de los pocos norteamericanos que pasó de soldado raso a coronel en menos de cuatro años y fue la primera estrella importante de Hollywood en enrolarse a la guerra, aunque primero se le rechazó, increíblemente, por alto y flaco: su proporción de peso estaba más de 2 kilos por debajo de la norma. Sumamente condecorado con misiones casi suicidas a la Europa ocupada, convertido en un verdadero héroe de guerra, llegó ni más ni menos que a General Brigadier. Y eso lo acercaría como a ningún otro al mismo Lindbergh.

Admirable, en verdad.

La foto es cercana a 1944. Aquí se ve al General Martial Valin, Comandante en Jefe de la Fuerza Aérea Francesa, premiando con la Croix De Guerre (Cruz de Guerra) con palma, una medalla de gran valor, al Coronel James Stewart (Foto: US Air Force)

Consideré importante mencionarles esto para dimensionar al protagonista de hoy. Ahora entraremos de lleno a su herencia material.

HUELLA NÚMERO 1:

EL HÉROE ATERRIZA EN EL DF

La proeza conseguida meses antes, produjo una gira en la que Charles viajó y viajó en su Espíritu para llevar su mensaje de progreso y de esperanza a la humanidad. Parte de Washington y llega a la Ciudad de México exactamente el 14 de diciembre de 1927, un miércoles, por lo que se acaban de cumplir 84 años de este hecho, que unos pocos nonagenarios todavía recuerdan en vida.

Si no me creen , pregúntenles.

Al respecto tuve la gran fortuna de encontrar una crónica muy padre de Juan Antonio José, que en el 2000 realizó para el número 62 de la revista América Vuela (vuela.com.mx).

Funcionó como aeródromo entre 1910 y 1952, la foto es del '47 siendo Aeropuerto Militar. Después ahí apareció la colonia Jardín Balbuena que diseñaron Mario Pani y Agustín Landa Verdugo, así como la macro unidad recreativa conocida Ciudad Deportiva en donde me enrolé en la segunda división de Nuevos Valores con el equipo Atlante. Una foto mía de esa época sería como un tesoro. (Foto: skyscraper.com)

Tanto Juan Antonio como otros autores, coinciden en que la llegada de Charles sólo es comparable a las visitas del Papa Juan Pablo II. Las calles estaban hasta las lámparas de gente, el furor y la expectativa de recibir al joven aviador movilizó completamente a la Ciudad de México que se abalanzó a los famosos campos de Balbuena (donde ahora está la Ciudad de los Deportes) con tal de ver a aquel súper humano.

Lindbergh con uniforme de vuelo de la FAM junto al Morane Saulnier M.S. 35 E.p.2 que piloteó en Balbuena el 19 de diciembre de 1927. Sí había de su talla.(Foto: vuela.com.mx)

Del documento de Juan Antonio cito completo: “En Balbuena estaban para recibirlo, además de Calles y Morrow [el embajador de EU en México], otras personalidades como el general Álvaro Obregón, miembros del gabinete, el jefe del Estado Mayor Presidencial, comisiones del Senado de la República, la Cámara de Diputados, el Ayuntamiento de la ciudad, las Fuerzas Armadas, miembros del cuerpo diplomático, aviadores y público en general. Ya en tierra, Morrow condujo a Lindbergh ante Calles, después se entonaron los himnos nacionales. “Lo felicito por su viaje, es una gloria más para su patria y una nueva gloria para usted”, fueron las palabras de Calles. Después se volvió hacia Morrow y añadió: “Tengo el gusto de entregar a usted sano y salvo al coronel Lindbergh, dentro del territorio de mi patria”. Acto seguido, el presidente municipal en comisión del Ayuntamiento de la Ciudad de México, señor Arturo de Saracho, entregó a Lindbergh las llaves de la ciudad, con las cuales dijo: Puede usted hacer lo que guste. ¡Y que si lo hizo!, ya que capturó para sí y para las causas que perseguía, la atención de la población entera, del gobierno y de las fuerzas armadas mexicanas”.

El presidente Calles -centro- con el embajador Morrow -derecha-. El embajador fue el promotor para que Charles fuera invitado y la relación México-Estados Unidos se fortaleciera. (Foto: Library of Congress, c. 1928/popartmachine.com)

El recorrido del campo aéreo (donde se dice que 200 mil personas fueron a recibirlo) hacia la embajada de Estados Unidos —en ése entonces ubicada en Londres no. 102, en la Colonia Juárez— donde se le hace el primero de muchos homenajes, les lleva una hora. El ambientazo vale la pena revivirlo y para esto cita Juan Antonio el diario de la esposa del embajador, Elizabeth Reeve, quien deja este testimonio muy sensible: “¡Oh, las multitudes en las calles camino a la Embajada… en árboles, en postes de telégrafos, sobre los toldos de los autos, techos y hasta en las torres de la Catedral. Flores y confeti volaban en todo momento…!” Y complementa Juan Antonio, basado en crónicas y testimonios de aquellos días, que: “Por toda la ciudad el grito ¡Viva Lindbergh! se escuchó a viva voz. En las tiendas de la capital las banderas de los Estados Unidos y las grabaciones de su himno se agotaron, la ciudad se llenó de fotos de Lindbergh y mientras las diferencias diplomáticas eran olvidadas, al menos por un tiempo, los mexicanos se dedicaron a bautizar “Lindbergh” a platillos de comida, escuelas, teatros, bebidas y cuanta cosa imaginable”.

Es ahí en la embajada donde hospedan a Lindbergh por 14 días en los que se le organizaron miles de actividades y algunos vuelos de prueba. Después de mudada esta sede, el edificio dio lugar al restaurante La Calesa de Londres que estuvo ahí por muchos años, hasta muy recientemente. Hoy, para sorpresa de nadie, es una tienda de ropa Zara donde las memorias de aquella visita ya no pueden encontrarse. Junto a ella, unas oficinas de la Secretaría de Seguridad Pública federal, disputan el número 102, probablemente resultado de una subdivisión del predio.

Conservado, en uso y con su fisonomía muy reconocible, en este edificio vivió Charles en su estancia en la ciudad exactamente hace 84 años. Zara, Londres casi con Niza, colonia Juárez. ¿Lo imaginan en uno de los balcones? (Foto: Alain Prieto, 2011)

HUELLA NÚMERO 2:

DOS SEMANAS Y UNA NOVIA

Al aplaudido Lindy lo recibe Plutarco Elías Calles quien simpatizó y combatió del lado de Madero, después lo hizo con el propio Carranza (hasta que se pelearon y se volvió contra él) y repudió al odioso Victoriano Huerta, por lo que, de alguna forma, estuvo del lado indicado en cuanto al espíritu inicial del conflicto revolucionario. Por esta curiosa situación, Plutarco se cruzó en el camino de dos pioneros, de dos primeros, en cuanto a volar por los aires se trata. Tanto Francisco —quien sólo voló sobre la ciudad 12 minutos— como Charles, aterrizaron y despegaron utilizando los mismos llanos que siguieron en funciones hasta noviembre de 1952, época en que ya operaba como Aeropuerto Militar de Balbuena.

El 15 de diciembre de 1927 estuvo Lindbergh en la Cámara de Diputados (aquella de Donceles y ahora Asamblea Legislativa del DF) donde recibe una medalla de oro. Fácil identificarlo. (Foto: vuela.com.mx)

Lo más inesperado para el viajero más celebrado del mundo es que aquí en México se enamoraría de la hija del embajador, la joven Anne Morrow, que se convertiría después en su esposa y compañera de viajes. Esto hace especialmente entrañable la visita de Lindy y dio a México esta anécdota imborrable y la calidad de celestino.

Ella primero no lo quería cerca de la familia por su gran fama, dicen que esa Navidad no se mostró en especial amable con él. Sin embargo, algo tomó vuelo entre ellos, ya que en pocos días se comenzaron a ver con otros ojos. (Foto: centuryofflight.net)

El propio Calles, por cierto, junto con Obregón, suben de pasajeros el 20 de diciembre con Lindbergh en los controles: era la primera vez que volaba este presidente. En una de sus presentaciones, ése mismo día, cita Juan Antonio, Lindbergh dijo: “Este vuelo no será el único que yo realice, pues tengo pensado regresar al país dentro de pocos años…” No tardó nada. Antes de cumplido el año, para finales de 1928, vuelve con pretexto de un viaje de cacería que comienza en Chihuahua y termina en Cuernavaca, donde los papás de Anne tenían su casa de descanso. Ahí Lindy la visita, un objetivo nada secundario.

Ya no era ninguna sorpresa: Charles tenía una novia mexicana, o al menos que vivía en México.

El héroe y su heroína con sus suegros en una despedida a la joven pareja en 1931. Anne abrazó los sueños de su esposo, tuvieron seis hijos y volaron por el mundo durante muchos años. (Foto: kaiology.wordpress.com)

Pasa la Navidad aquí para lo que viaja su mamá, ayudada ni más ni menos que por Henry Ford, quien presta un avión trimotor para transportarla, dicen que el más grande que se había visto en el país. El día 27 de diciembre se despide Lindbergh de Calles en mi añorado Castillo de Chapultepec. Al día siguiente despega, condecorado y obsequiado, rumbo a Guatemala (y luego a una docena de países que incluyó Panamá y Cuba), llevando algo de correo para no perder la costumbre.

Un dato simpático es que Plutarco fue maestro de escuela de profesión y tuvo mil y un empleos, al menos tres mujeres que le dieron 14 hijos, dos más que Lindbergh, y alguna vez, durante la Revo, fue coronel también. Ambos personajes fueron ascendidos con el tiempo. De veras que sin afán de hacer conexiones ociosas, estas casualidades han ido apareciendo de manera inesperada.

HUELLA NÚMERO 3:

ARQUITECTOS, CORONELES Y GENERALES: LUGAR Y MOMENTO CORRECTOS.

En esos meses de 1927 estaban en progreso las obras de un parque central en la joven colonia Hipódromo Condesa, fraccionada en 1902 por la Compañía Fraccionadora y Constructora de la Condesa, SA, bajo la dirección del arquitecto José Luis Cuevas Pietrasanta, a la postre profesor y sínodo de Don Pedro Ramírez Vázquez , este último nacido en 1919, año vital en esta madeja que les deshilacho. El contexto del ‘27 fue sumamente afortunado, puesto que el presidente mexicano hizo dos oportunas maniobras que permitieron por un lado darle nombre al flamante pulmón verde y por otra coronar la hazaña mediante la dedicación de un nuevo y relevante espacio urbano al héroe del momento: un teatro al aire libre en estilo Art Decó, el corazón del parque y según los que saben, el único en el mundo que sobrevive en la época presente.

Se anunciaba la nueva colonia (sección Insurgentes-Hipódromo) y se publicaba el plano con todo detalle exactamente el mismo año que nace Lindbergh. Se ve una orejita a la izquierda arriba, ése es el Parque España. Al centro, nuesto querido México con su trazo del lago de los patos y el teatro. La diagonal recta a la derecha es la Avenida de Los Insurgentes. (Imagen: revistaamericapatrimonio.org)

 

Esta imagen de los años 30 permite ver la creciente colonia con su escenario magnífico cual pequeño Central Park. El lago estaba maravilloso y los árboles -principalmente palmeras fénix, cedros de Líbano, mimosas y casuarinas- son jóvenes. El Teatro recientemente terminado da ese sello de monumentalismo y una identidad bien original que hasta hoy prevalece. (Foto: Cortesía Arq. José Antonio Flores)

Desde el principio, el fraccionador José G. de la Lama y el arquitecto Cuevas Pietrasanta contemplaron dos parques en la novedosa Condesa, uno se llama España y fue inaugurado el 21 de septiembre de 1921, en un acto de festejo por el Centenario de la Consumación de la Independencia (Ojo caminantes: ¡¡¡Otra obra-monumento que sí se entregó a tiempo!!!). El segundo a estrenarse —con claras reminiscencias del España pero alcanzando casi 90 mil m2—, fue sembrado justo en el óvalo que perteneció al trazo del hipódromo antiguo, el “infield” por así decirlo. Corría a cargo de los arquitectos Javier Stávoli y Ricardo Noriega (raro, pero la Revista América Patrimonio cita a Leonardo Noriega en un texto de Juan José Kochen). Los colegas proyectaron el plan maestro resolviendo paisajismo, andadores, fuentes, lago artificial, puentecitos y plazoletas, así como el teatro abierto, la joya conceptual y arquitectónica. En ese momento no se le había dado un nombre o al menos no se conocía como tal en planos.

El diseñador de la Condesa, Arq. José Luis Cuevas Pietrasanta (corbata de moño) caminando con Pedro Ramírez Vázquez en 1942. Cuevas también proyectó hacia 1922 la colonia Lomas de Chapultepec, basada en los principios de las Ciudades Jardín que aprendió de Ebenezer Howard. (Foto tomada del libro Ramírez Vázquez en la Arquitectura. Editorial Diana y UNAM. Primera edición 1989).

 

Por lo normal se le ha dado mantenimiento al España. Esta foto, con su fuente que se asemeja a un piñón funciona a todo a 90 años de arrojar su primer chorrito. Se han repavimentado los andadores pero los puentecitos de concreto en simulación madera, se conservan fieles con algunas reparaciones normales. Ahora vive alguien ahí debajo, pero se muda tierra arriba cuando el laguito se llena, como lo delatan sus pertenencias. Los autos al fondo corren sobre Av. Sonora. (Foto: Alain Prieto, 2011)

Por cierto, en esos días de 1921, por lo mismo de los festejos, es Álvaro Obregón quien era el primer presidente que concluida la Revolución cubría su cuatrienio, “organizó un festival aéreo que debió efectuarse en su mayor parte en el Hipódromo de La Condesa, ya que el Aeródromo Nacional de Balbuena se inundó por las intensas lluvias que se abatieron en la zona”, cita de la Breve historia del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (aicm.com.mx). Subrayo: esto es seis años antes de Lindbergh y aún no había Parque en el óvalo donde estaba el Hipódromo.

¡¡Oh!! ¿Y qué tal si no hubiera habido parque? ¿Lindbergh hubiera despegado desde el corazón de la colonia Condesa? Bueno, casi lo hizo.
Al final aterrizó en ella sin proponérselo.

El teatro se atribuye a Ricardo Noriega (o su alter ego, Leonardo Noriega) y Víctor Suárez, quienes diseñaron la altísima columnata con remate apergolado en la cabecera norte sobre el escenario. Por otra parte la fuente de los cántaros (extremo sur), con la plástica mexicanista muy en boga que incluyó la reconocida y exuberante figura femenina, fue probablemente diseñada por José María Fernández Urbina. Se incorporó también Roberto Montenegro, un importante artista plástico de cariz moderno que agregó relieves y ornamentos a los elementos arquitectónicos que aún se conservan aunque graffiteados y traqueteados. Nomás vean las fotos que apenas tomé a principios de mes.

Asimismo, los andadores laterales semicirculares, se pensaron como paseos con pérgolas estilo europeo, similares a las que se encuentran en el propio Castillo de Chapultepec, dentro del paisajismo que se dice quedó a cargo del propio Noriega y de Gustavo Rojas Castellanos.

Cual circo de tres pistas, el Teatro Coronel Lindbergh hoy se muestra maltratado por las actividades urbanas y los intentos de manitas inquietas para agregarse al arte. El Teatro ahora es todo menos eso: se juega frontón con sus paredes, futbol en su explanada (eso desde siempre; yo jugué ahí) y otras muchas que incluyen patinetas en pleno escenario, pasear al perrito, andar en bici, etc. (Foto: Alain Prieto, 2011)

 

El concepto de la rotonda incluye entradas laterales escalonadas con estos umbrales en el estilo Art Decó, que dicho sea de paso, se reconoce por ser muy geométrico y masivo. En primer plano se ve la única sección restaurada del andador pergolado poniente y al fondo el siguiente tramo deteriorado. El espacio posee una magia muy especial. (Foto: Alain Prieto, 2011)

 

La Fuente de los Cántaros, probablemente comisionada a José María Fernández Urbina, está ubicada en el extremo contrario al escenario, creando una antesala escultórica de gran calidad. Inmutable, su desnudez expuesta siempre ha sido un hito y la contraparte humana a los gigantescos árboles del Parque. (Foto: Alain Prieto, 2011)

 

Justo al centro del escenario, uniendo el desnivel con la explanada, la placa de bronce con alas se lee así. Su estado es aún bueno y está anclada a un macizo de piedra. Restaurada se vería formidable. No he podido hallar la fecha exacta de su develación, si aún Lindy estaba en México o sucedió más tarde. Las iniciativas no han alcanzado para darle una limpiadita. ¿Alguien dijo 'Yo'? (Foto: Alain Prieto, 2011)

HUELLA NÚMERO 4:

UN NOMBRE PARA EL PARQUE Y MUCHO MÁS

Ahora bien. Otro personaje vivo entraría en escena en representación de un héroe sudamericano de gran relevancia. Una interesantísima investigación de Santiago Senén González y Fabián Bosoer, que encontré hace cinco años, me llevaron a la pista del General Enrique Mosconi.

Enrique Carlos Alberto Mosconi nació en Buenos Aires, Argentina, en1877. Era el de en medio de cinco hermanos y hermanas de una familia de ascendencia italiana e irlandesa. Mosconi sí fue militar de carrera a diferencia del propio Lindbergh y del mismo Calles. En su brillante carrera me llamó la atención un episodio es comisionado a Alemania entre 1906 y 1908 y es instruido por el ejército asignado a batallones de ingenieros y artilleros.
La idea era especializarse en la explotación del petróleo comprendiendo el uso de la maquinaria europea. Recordemos que había paz entonces y la Primera Guerra, la que repudió Charles A. Lindbergh padre, aún no se gestaba.

Y durante su gira (1927-1928) dijo Enrique Mosconi a los países anfitriones: “…el combustible constituye la plataforma sobre la que se levantará su futura organización industrial". Mucha razón tenía. (Foto: profesor-daniel-alberto-chiarenza.blogspot.com)

Releyendo la extensa biografía del célebre argentino, supe que había sido clave en la urbanización e industrialización de Argentina, la explotación nacional del petróleo para lo que fue el primer director de los Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF), lo que se debió en gran medida a su búsqueda de independizarse de Estados Unidos. Esto curiosamente lo sitúa ante Plutarco, sí, el presidente, quien ya andaba por ahí urdiendo algunos planes sobre el oro negro que se consolidó después, quien a entender de los biógrafos fue Enrique Mosconi el que impulsó “Un gran aporte para la concreción de PEMEX, la empresa petrolera estatal, lo constituyen las ideas americanistas que Mosconi les expuso. Diez años después de aquella visita, el 18 de marzo de 1938, el presidente Lázaro Cárdenas ordenó la inmediata nacionalización de toda la industria petrolera mexicana”. Y por si esto fuera poco, me acabo topar con un capítulo ocurrido en 1912, que conecta directamente a Lindbergh con Mosconi y a su vez con Stewart, el actor. El militar argentino fue nombrado por el Ministerio de Guerra de su país como uno de los jefes de la comisión directiva de la nueva Escuela de Aviación Militar. Caray, hasta yo me sorprendí porque ahora verán a dónde nos lleva Mosconi y por qué su persona e iniciativas son de suma relevancia para el parque.

Y de nueva cuenta era 1927 cuando el ya veterano general emprende una cruzada muy particular, la que hizo en barco, principalmente. Llevó consigo réplicas del sable de guerra del General José de San Martín, libertador de Argentina, Chile y Perú, como gesto de unidad americana a las naciones que lo invitaban. Dio conferencias y encabezó eventos oficiales con los diferentes mandatarios y cuerpos militares.

Actualmente ya no tiene la placa que identificaba al personaje que le fue desprendida o robada a lo mejor para vender el metal. Pocos saben a quién retrata este busto. Equiparable a Bolívar, San Martín no sólo trabó batallas en Sudamérica sino que antes de las ideas de separación, peleó exitosamente en España contra el ejército de Napoleón, que ya es decir mucho. (Foto: Alain Prieto, 2011)

Cuando Mosconi vino a México ya era enero de 1928, Lindbergh acababa de partir. Lo invitó el rector de la Universidad Nacional de México (ahora UNAM), quien era Alfonso Pruneda. Pero aún era tiempo para que quedara para siempre ligado al recién abierto parque al que Elías Calles dedicó tan especial interés.

Aquí es FUNDAMENTAL citar este histórico documento, un fragmento del cuarto y último informe de gobierno de Plutarco Elías Calles (aún no había sexenios), donde se oficializan las huellas de Lindbergh y Mosconi que destaco con negritas:

Y así se veía el Congreso el 1° de septiembre de 1928, día que se reportó el bautizo de nuestro querido parque. El presidente con el copete a la altura de Hermenegildo Galeana ocupa la misma tribuna que Charles tomó en 1927. (Foto: INEHRM/bicentenario.gob.mx)

“Informe presidencial que comprende desde el 31 de agosto de 1927 al 31 de agosto de 1928.

“Ciudadanos diputados y senadores:

“Por última vez, dentro del período constitucional en que he tenido el alto honor de desempeñar el puesto de presidente de los Estados Unidos Mexicanos, comparezco ante la Representación Nacional a informar a la misma, y por su muy digno conducto al pueblo mexicano, de los actos de la Administración Pública a mi cargo.

“Argentina, Cuba y Chile han acreditado sus primeros embajadores y los correlativos de nuestro país funcionan ya en sus puestos. Se han acreditado embajadores especiales para la transmisión de la Presidencia en el Paraguay y para la inauguración del monumento del general Garzón en Uruguay; nuestros cadetes marinos reciben en los puertos de Estados Unidos, Cuba, Santo Domingo, Panamá y Costa Rica cordialísima acogida y se les hace objeto de manifestaciones oficiales y populares plenas de afecto para México; el vuelo del aviador Lindbergh señala un episodio revelador de la nuestra amistad que se ha fundado entre nuestro país y los Estados Unidos, episodio que a poco se renueva en demostraciones de cordialidad profundamente impresionante al recibirse en la vecina República del Norte a nuestro valiente e infortunado aviador Carranza; México continúa desarrollando tan nobles empeños con el vuelo del aviador Fierro hacia Cuba y las naciones de Centro América, en donde una vez más el nombre de la patria recibe los fraternales homenajes de aquellos países; el héroe epónimo de la República Argentina presta su glorioso nombre a uno de los mejores parques de nuestra capital; en México y en la América Latina se canjean los nombres de las naciones amigas para afirmar los tradicionales lazos del común origen desde los frontispicios de las escuelas; la intelectualidad del Uruguay establece una corporación para honrar y difundir las actividades de nuestro país; se realiza un establecimiento directo de relaciones diplomáticas con el Ecuador; se conciertan tratados de mutuo beneficio con Argentina, Panamá y Colombia y en diversas conferencias continentales México presenta su cooperación y su buena voluntad”.[sic]

Recuerden: esto es sólo un fragmento pero de amplia importancia ya que el presidente terminaba su mandato haciendo un recuento de muchos aspectos oficiales, pero tuvo a bien acordarse de San Martín (el héroe epónimo o sea, que marcaba pueblos y épocas) y del aviador Lindbergh. Asimismo menciona no a Venustiano sino al capitán Emilio Carranza Rodríguez, algo que me llamó la atención. Ya revisando la historia de Emilio, se sabe esto de acuerdo a fuentes diversas y Wikipedia: En el verano de 1928, con sólo 22 años de edad pero con una experiencia y unos pantalones tremendos, fue seleccionado para realizar un vuelo de paz y la buena voluntad entre México y Estados Unidos, volando desde el DF a Washington D.C. y luego a Nueva York en respuesta al vuelo que realizó Lindy un año antes. Además tuvieron buena amistad como se ve en la foto. A Emilio lo recibe el presidente de Estados Unidos, Calvin Coolidge y se vuelve también muy famoso.

Pero nuestro chamaco compatriota no contaba con la misma suerte del güero: en el vuelo de regreso se estrella en territorio norteamericano. Un “Silencio” para el valiente.

Nuestro bravo compatriota dio desde muy joven de qué hablar, ya que apenas de 18 años ya había participado en bombardeos aéreos. (Foto: tuesfera.com)

 

Emilio y Charles en 1927. El respeto del afamado coronel hacia el capitán era muy conocido. La historia quiso que el menor de los dos muriera muy joven justamente en la tierra del otro, quien viviría hasta sus 70s. (Foto: tuesfera.com)

Una tormenta eléctrica lo sorprendió rumbo a México y cayó en Nueva Jersey. Le apodaban ni más ni menos que "El Lindbergh mexicano" y además era sobrino nieto de Venustiano, el presidente. (Foto: whitesbog2.blogspot.com)

Siempre una posibilidad, el destino quiso que Emilio no regresara con vida a su país y a su Coahuila. Su cuerpo sí fue recuperado. El contraste con los diarios que festejaron a Lindy está por demás decirlo. En Estados Unidos se despidió su féretro con honores militares y salvas de honor y mucha gente lo lloró.

Pero ¿y qué fue de Calles? Y se pone bueno el chisme político (deporte nacional casi siempre desagradable) porque es Cárdenas, quien postulado por Calles y ya en la silla, de manera por demás burda, lo destierra de México en 1936. Lo trepa a un avión y lo manda a Estados Unidos. Plutarco vuelve al país cuando Ávila Camacho reina y muere muy enfermo ya en 1945.

¡Un segundo! Es demasiada información. Imaginen por un momento uno de esos programas maravillosos como El Mundo de Beakman o algo marca History Channel. Necesitamos un resumen.

Así que…

Un general, Elías Calles, recibía al General Mosconi, quien visitaba los países latinoamericanos en un gesto de hermandad con copias de la espada del General José de San Martín, libertador de Argentina, y quienes el año anterior vitoreaban a un Coronel que era más famoso que todos ellos juntos por haber cruzado solo el Atlántico en un avión que después trajo a México, donde Elías Calles lo recibió, condecoró y decidió ponerle su nombre a un auditorio recién terminado en el parque que llevaría por nombre General San Martín. Ufff!!!!!!

Claro, como todos ustedes saben, al parque se le llama familiarmente “México”, ya que toma el nombre de la avenida que lo rodea y que es concéntrica con Ámsterdam. Ambas, las más características de la colonia.

La Guía Roji no nos deja mentir, al menos esta edición, dice "Parque San Martín" aunque olvidaron pintar de verde la parte sur que está separada por Av. Michoacán. El Parque España plenamente identificado (Foto: Alain Prieto, 2011)

Bien, pues ya para concluir con las andanzas de Charles, les platico esto. En 1929 se casa con Anne (ahora Annie) Morrow y para septiembre de ese año viajan de nuevo a México como pareja de aventureros con otro matrimonio de amigos. Y ya saben que me gusta Yucatán, así que quise comentar esto tomado del texto de Juan Antonio José: “Los Trippe continuaron rumbo a Cuba, pero los Lindbergh se quedaron en México para tratar de localizar ruinas mayas desde el aire, con el doctor Ricketson del Instituto Carnegie y el arqueólogo Alfred Kidder. Con base en Belice exploraron Guatemala, Campeche, Yucatán y Quintana Roo. Entre las ciudades mayas que sobrevolaron se incluyen: Tikal, Uaxactún, Río Bec, Chichén Itzá y Tulum”.

Algo parecido hice yo en la más grata compañía allá en 2005.

Annie y Lindy en uno de sus viajes extremos durante los años 30. (Foto: watchesmap.com)

HUELLA NÚMERO 5:

SEIS CADETES Y UN PILOTO

Bien, estuvo algo laboriosa la primera parte. Ahora paso a las siguientes pisadas: ¿se acuerdan de Ernesto Tamariz? Sí, ya sé, aquí no lo hemos mencionado, pero sí en la entrega del Lamento Bicentenario. Él trabajó con Enrique Aragón Echeagaray haciendo palpable el homenaje a los seis valientes chamacos caídos en Chapultepec -Aragón hizo también el Monumento a Álvaro Obregón, quien voló con Lindy. No es extraño que un afamado escultor, como lo fue Tamariz (Puebla, 1904), haya sido comisionado a realizar el busto de Charles A. Lindbergh en bronce como un obsequio de los Estados Unidos a México en 1962, cuando John F. Kennedy era su presidente y los Beatles debutaban ante el mundo.

Más sobre Tamariz puede encontrarse en: ernestotamarizesculturamexicana.mex.tl, muy recomendable.

Ernesto chambeando como siempre. ¿Alguien reconoce la escultura? Yo no. (Foto: ernestotamarizesculturamexicana.mex.tl) Actualización 14 enero 2012: Es la pieza central del monumento a los Niños Héroes. Disculpen la falta previa de este dato.

La pieza que verán abajo es un excelente trabajo y lamento no tenerles mejor foto, pero puede verse en la Sala B de vuelos nacionales de la T1 del AICM Benito Juárez. Ahí, junto a otros grandes de la aviación que incluyen a nuestro Francisco Sarabia, valiente pionero mexicano que inauguró muchas rutas en el país y hacia Estados Unidos, aparece el fotogénico americano, quizá el pionero más retratado de la historia.

Charles Augustus a la izquierda y al centro el piloto y también pionero Augusto Marquet García quien aquí recibía un homenaje. (Foto: aerolineasmex.es.tl)

Y ¿me creerían si les digo que Sarabia también trabajó para el Servicio Postal estadounidense? Pues sí. Ni más ni menos que colega de Charles, y de todos los repasados, el que más.

No está de más platicarles que, aunque de diferente calidad que el bronce de Tamariz,  tanto Emilio Carranza como Francisco I. Madero también tienen sus bustos en esta sala, merecidos por lo ya platicado. Otra coincidencia afortunada.

El duranguense Francisco Sarabia aquí con su Conquistador del Cielo, un avión de 'carreras' con el que rompió muchas marcas mundiales. (Foto: mexicanaviationhistory.com)

El norteño era sólo dos años mayor que Lindy. En su Conquistador del Cielo había demorado alrededor de 10 horas 45 minutos (hay unos minutos de diferencia registrados en distintas fuentes) para llegar de la capital mexicana a Nueva York, todo un récord en 1939 que pulverizaba el impuesto cuatro años atrás ni más ni menos que por Amelia Earhart. Poco después el piloto mexicano falleció al desplomarse su avión en el Río Potomac en Washington. En la foto pueden verse pintadas las banderas de México y Estados Unidos en su avión de un motor Gee Bee QED, como símbolo de hermandad. En EU también era muy querido.

HUELLA NÚMERO 6:

O’GORMAN Y EL MURAL

Seguro reconocen esto. Muy al estilo descriptivo e histórico que desarrolló Diego Rivera, en especial en Palacio Nacional (edificio al que por cierto el presidente Calles agregó el tercer nivel), trabajó Juan O’Gorman, arquitecto y pintor, este encargo. Entre 1937 y 1938, La conquista del aire por el hombre cobró vida en 10 tableros empotrados.

“El 11 de abril de 1939, siendo Presidente de la República Lázaro Cárdenas del Río y el titular de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas, Melquíades Angulo así como el jefe del Departamento de Aeronáutica Civil, Juan Guillermo Villasana, inauguraron el nuevo edificio del Puerto Aéreo Central y la torre de control, en donde estaba pintado un mural por Juan O´Gorman y que sustituía al que dañó el terremoto de 1930”, relata la Breve Historia de Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. Sería hasta 1943 que se le diera la categoría de Internacional y nueve años más tarde, último año de Miguel Alemán, tendría un edificio nuevo, base del moderno aeropuerto. Es en diciembre de 1963 que se le denomina en definitiva Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.

Por cierto que el famoso mural, restaurado entre 2005 y 2007 está dedicado a Frida Kahlo, al parecer por haberse enamorado O’Gorman de ella.

Bueno, y para acabar de atar cabos, que creo no es posible acabar, ¿se acuerdan de Dwight Morrow? Sí, el papá de Annie y suegro de Lindy. Pues él contrató a Diego Rivera para que pintara los murales del Palacio de Cortés en Cuernavaca en gratitud a esa población. Y, algo más: Plutarco Elías Calles destinó fondos a la restauración de ése inmueble morelense. ¿Cómo la ven?

En este fragmento se ve a Amelia Earhart, junto a Lindy. Ella fue la mujer aviadora más famosa de la historia y también vino a México en 1935 y lamentablemente se perdió en el Pacífico en 1937. Ellos dos curiosamente tenían un cierto parecido físico que claro no la favorecía a ella que de pronto parecía chamaco. ¿Y descubrieron a Patsy en el mural de O’Gorman? ¡Sí! Ahí está entre las ropas de Charles, asomando apenas su cabecita. (Foto: paralelo19n.blogspot.com)

Se dice que este timbre postal de 1930, originario de España, es la primera estampilla que incluye a un gato doméstico (purr-n-fur.org.uk). Otro primer lugar para Lindy, que tal parece ya le llovían por su mera personalidad y ocurrencias. La gatita Patsy está en tierra firme observando a su dueño levantar el vuelo. Recordemos que en el famoso viaje trasatlántico no lo acompañó. Es muy difícil hallar un ejemplar original de este timbre de 1 peseta.

OTRAS HUELLAS

Tantos intereses tuvo Lindy en la vida que incursionó con bastante éxito como escritor tecleando su auto biografía. Tomé algunas referencias sobre Charles del sitio buzzle.com, donde hallé una bio cortita pero bastante libre que reporta Anish Chandy quien hace un buen resumen de nuestro personaje. Ahí surge de nuevo esta referencia que había olvidado y en la que de hecho se basó la película de Jimmy Stewart. El Águila Solitaria escribió “The Spirit of Saint Louis” en 1953. El libro se convirtió en Best Seller y ganó ni más ni menos que el Premio Pulitzer del ‘54. Además ese año, anota Anish, fue elevado a General Brigadier por el mismísimo General Dwight D. Eisenhower (tocayo de su finado suegro), comandante supremo en Europa de las fuerzas aliadas en la Segunda Guerra Mundial y a la postre presidente de los Estados Unidos por dos periodos.

Esta copia autografiada por el propio Lindy se vendió por 11 mil dólares. El libro ganó el Pulitzer en 1954, ahí nomás. (Foto: baumanrarebooks.com)

Y tanto hizo que podríamos seguirnos más allá de la pantalla. Hallé en este recorrido demasiadas cosas que colocan al güero entre los más ilustres y versátiles del siglo XX.

En el sitio danés nordicway.com me entero que nuestro amigo, el chico soñador de Detroit, cartero y activista fue director de la World Wildlife Fund (defendió con mucho empuje a la ballena azul y a la jorobada que supe también en una bio del joven Jesse, un paisano de Lindy en travelin-tigers.com). Fotografió las ruinas mayas en la Península de Yucatán para fines arqueológicos. El inventor, padre y aviador, ahora llegaba a la plenitud del reconocimiento por su constancia en la vida. De ese tamaño fue nuestro invitado y flamante responsable del nombre TEATRO CORONEL LINDBERGH.

Además de contribuir a trazar muchas rutas aéreas alrededor del mundo, fue por décadas consultor técnico de la desaparecida aerolínea PAN AM y asimismo fue un reconocido inventor en el campo aeronáutico. En la medicina también destacó: diseñó una bomba para órganos perforados que sentó bases para los transplantes. Todo un Leonardo Da Vinci moderno, que a diferencia de aquel, se extasió volando por todo el mundo.

Hasta que hice este tema, jamás había observado que hay un mapamundi trazado al centro de la explanada del Teatro. ¿Lo notan? Se ve de cabeza en la imagen de satélite. ¿Habrá estado desde siempre? Quizá parte del homenaje a quien contribuyó por los aires a unir el planeta. En el borde inferior y al centro, lo azul es la Fuente de Cántaros. En el extremo superior la columnata. Se notan perfectos los andadores laterales con sus pérgolas.

Mediante Google Maps me acerqué lo más que pude sin perder alguna parte del teatro. Esto equivale a tener la planta de conjunto para notar la composición de este fantástico espacio. ¿Lindy lo habrá visto desde su avión en alguno de sus viajes? (Imagen satelital Google, 2011)

 

Charles en los años 60. Primero a la izquierda, con poco pelo pero bien peinado, tan alto como siempre (más que el presidente Johnson, al centro con su esposa), atestiguando una reunión con astronautas del Apolo 7 y Apolo 8 y el director de la NASA. Vivió para ver al hombre en la Luna. Me pregunto qué habrá sentido al ver aquel progreso tan increíble culminado con la hazaña más soñada desde que vivíamos en cuevas. (Foto: NASA/airportjournals.com)

Lindy falleció no muy grande, de 72 años, en la isla hawaiana de Maui. A la fecha, varios de sus hijos viven y su legado no sólo trasciende en ellos y sus nietos y bisnietos, sino en tantas marcas dejadas aquí en México y en el resto del mundo.

Y aquí concluimos muy por lo alto esta entrega, queridos caminantes. Espero que en vísperas de año de elección presidencial, no los haya yo empachado con tanto individuo político sino más bien probado cómo los civiles siempre somos más importantes, los verdaderos productores de historia y quienes motivaron este viaje que acabo de hacer con ustedes. Avísenme cuando lo acaben de leer.

Les deseo paz y armonía permanentes. Feliz Navidad y un 2012 que no dependa de profecías ni
delitos electorales, sino que traiga las más generosas realidades.

¡Hasta pronto!

DEDICADO A TOMÁS, MI ENTRAÑABLE COMPAÑERO EN EL VIAJE DE LA VIDA.

Tomás, 2002-2011. Inolvidable e incondicional hermanito. (Foto de su amigo Alain, 2011)