La Estela sin Luz

La Estela sin Luz

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La Estela sin Luz

Con la fuga hacia el cielo y el cuello tendido hacia atrás, en la base de la Estela es mejor mirar la punta a la distancia. Cualquier close up revela la crudeza de su hechura y la ausencia de simbolismo. (Foto: Alain Prieto, 2012)

“Si mañana me perdiera en un inmenso mar y la noche me cubriera con su manto estelar,

¿A donde volaria mi última oración, el último latido de mi azul corazón?

No sería a ti, no sería a ti, esta vez ya no sería a ti. No supiste dar lo que yo te di, no supiste ver lo que hay en mí.”

Moenia

Sólo dos días después de la presunta formal inauguración que encabezó el Presidente de la República, el sábado 7 de enero de 2012, este Caminante se dirigió hacia la Estela que se dice conmemora el Bicentenario de nuestra Independencia. La costumbre la adopté en septiembre de 2010, días antes de cuando debió inaugurarse y cuando no había ahí nada más que máquinas y grúas detenidas y un tapial que aún podía verse ayer a más de 15 meses de aquella fecha ignorada y desvalida.

Este lunes me parece que me he detenido en la escena de un crimen y que tomo fotos con cierto morbo, con una intriga latente y contenida por meses y que me asalta: “¿Exactamente qué pasó aquí?”.

Mucha gente aparece como yo en el sitio, expectante, como buscando algo, con cámaras de todas clases y Milenio y Canal 40 está presentes también.
Todos estamos como queriendo leer al mudo objeto que por cierto NO TIENE una sola inscripción, glifo, dedicatoria o placa. INCREÍBLE. Es por lo que propios y extraños estaríamos ignorantes de qué podría significar este llamado ‘monumento’, si no fuera porque corrió la voz de lo que se dice que es.

DESANGELADO

Jamás este encabezado le quedó mejor a un párrafo. El Ángel queda a 900 metros por la misma vía. Pero de este lado no existe una victoria alada. Aquí parece que nada ha sido concluido, que la inspiración se canceló desde que el momento mismo en que el concurso se lanzó al vapor y con bases tambaleantes. Al pie de la estructura un pequeño ejército de obreros y personal de limpieza siguen deambulando a través del terragal que quedó producto de la prolongada obra y que conecta la plancha nueva con el paradero de Chapultepec. Góndolas de servicio cuelgan a la espalda una y a los costados otras dos y se ven cables y cuerdas por todas partes. No me digan que son escultóricas. O a lo mejor sí.

Dos días después de la inauguración se afana la constructora a desmontar el tapial pieza a pieza. Se ocuparán las láminas en otra obra como si esta hubiera sido cualquiera. Ya abierto el paso, los peatones nos encontramos un trayecto de tierra donde alguna vez hubo pavimento. Veremos más adelante cómo era el sitio antes. Al fondo la inmutable Secretaría de Salud. (Foto: Alain Prieto, 2012)

Y una sorpresa más es esta zanja sin un aviso de “Peligro. No pase”. Como estamos acostumbrados a este tipo de riesgos y descuidos pues igual no preocupa mucho, pero sí se nota el hoyito. Aunque no se trata de eso. Una vez más, la obra no está terminada. Por la noche, muy acomedidos, le colocaron unos tambos para que nadie se fuera al pozo. (Foto: Alain Prieto, 2012)

Casi 48 horas después de la inauguración, ya abierto el sitio al público, no habían sido capaces de retirar las góndolas, cables y carretes (los que parecen de hilos gigantes). Además de este inconveniente para el visitante, me pregunto por qué la falda de atrás llega al piso y la de enfrente no. A esta asimetría tampoco le encuentro razón de ser ni simbolismo alguno. (Foto: Alain Prieto, 2012)

¿Se imaginan la inauguración del Ángel con tabiques apilados por un lado y planchas de mármol acomodadas y gente poniendo pasto, puliendo las estatuas de los héroes o barriendo? Yo tampoco. De hecho es bien sabido que se preparó con pulcritud el sitio, pero no sólo eso, se organizó un gran desfile y una celebración popular que incluyó representaciones multiculturales de personajes de la guerra de conquista, personificaciones de los caudillos de la guerra de Independencia y destacamentos de naciones invitadas con presencia militar y diplomática. Un festejo por todo lo alto para recibir los 100 años del México Independiente que a punto de sufrir la Revolución (que dejaría 1 millón de muertos), estaba preparado para honrar la máxima definición de la Patria, eventos que la amenazada dictadura anticipó por ocho años.

Todo fue a lo grande aquel día hace 101 años y meses. El monumento denominado Columna de la Independencia, obra de Antonio Rivas Mercado, es un gran fuste o pedestal que es encumbrado por la victoria alada o “Ángel” como le decimos todos, rompiendo las cadenas de la corona española. De tinte europeo, esta construcción se levanta 45 metros sobre el Paseo de la Reforma hasta el punto más alto de la estatua; es caminable en su rotonda y puede subirse a ella mediante una escalera helicoidal que se desarrolla en su interior, donde también reposan los restos de los caudillos independentistas. (Foto: memoriaurbana.foroactivo.com)

No es la idea hacer leña del árbol caído; no es mi estilo. Y sin embargo parece ser tan fácil ahora empuñar la espada de Damocles y caerle a golpes a este suceso que no por deslucido deja de ser histórico.

DADME UN MILLÓN

Y cuidado. El Ángel es más pequeño y sin embargo mucho más demandante en diseño y estuvo perfectamente a tiempo. No hay ninguna excusa para entregar una obra un siglo después, por más grande que esta fuera, a medio acabar y plagada de detalles mal cuidados y de un desdén absoluto por el área circundante. ¿Alcances de obra? ¡mis polainas! Nadie consideró el paradero del Metro Chapultepec ni el pasaje de fonditas que es el ‘paso de los pobres’ bajo Reforma. Esto tendría que haber gozado de una necesaria y merecida renovación en consecuencia del nuevo espacio tan publicitado y tan caro. Sin duda alguna deberían haber formado parte del concurso para el ‘Arco Bicentenario’. Pero como no estuvo en las bases, pues que se las arreglen como puedan ¿no?

Esta foto es del 9 de septiembre del 2010. El tapial se extendía hasta el arroyo vehicular en Reforma y debía rodearse el lugar por abajo entre una franja de trafitambos y la Puerta de los Leones estaba encofrada para protegerla. El pasaje de fonditas se veía así. (Foto: Alain Prieto, 2010)

El 9 de enero de 2012, exactamente 16 meses después de la foto de arriba, ya con la Estela levantada y la Puerta de los Leones liberada, el pasaje está igualito, es decir, para llorar. Vamos, no les alcanzó ni para un poco de honorabilidad y una cubeta de pintura. Los graffitis de estas dos imágenes son los mismos, pero fueron montados en otros apenas anteriores, lo que testifica que el vandalismo ha continuado debido a la falta total de mantenimiento. (Foto: Alain Prieto, 2012)

Pero aquí sí hay perjuicio. Los que conocemos este paraje sabemos que antes se podía caminar por ahí sobre banqueta y pavimento. Ahora se van y dejan tierra y zanjas. No entiendo, sinceramente, la falta de decoro para abandonar a su suerte el terreno que fue traumatizado a consecuencia de este gigantesco capricho. Pero más allá, el cuidado del entorno, el engalanamiento del lugar no será porque descuidaron lo evidente. Con 1 millón de pesos (de los 1,035 millones que se declaran gastados) se hubiera podido arreglar el túnel de las fonditas. Era como quitarle un pelo a un gato.

Por eso, la obra pública está sin duda inconclusa.

Pero igual los peatones que ya tenemos acceso pasamos por este camino que el programa Solidaridad olvidó. ¿Recuerdan aquel anuncio de los niños que llegaban a su escuela con sus zapatitos todos sucios por andar en calles sin pavimento? Pues ahora es el escenario para toda la gente que por ahí tratamos de circular al pie de esta gigantesca mazorca. En lugar de “¡Ya tenemos banquetas!” Ahora nos vemos en la necesidad, como la señora, la señorita, el señor de tercera edad y el ciclista, de bajar un escalonzote de 35 centímetros de peralte (ver foto en Desangelado) porque nadie conectó el perímetro de la obra concursada con su entorno inmediato. ¡Qué afrenta al ciudadano!

Así que todo este tiempo, entre el tapial y el mundo exterior se abría una brecha literal. Y ni aun así la responsabilidad (ni el excesivo dinero) fue suficiente para entregar digna y correctamente el sitio destinado al desafortunado proyecto de César Pérez, quien en 2011 confesó que no volvería a concursar.

SE EXTRAVIÓ PLACA: BRONCEADA, 1.00 x 0.80, 35 AÑOS DE EDAD

Además de la inexistencia de identificación del monumento levantado, no dejo de señalar un llamativo tema: ¿Qué le pasó a esta placa? Corresponde a la inauguración del Circuito Interior del cual un tramo pasa a sólo unos metros de aquí bajo Reforma.

El 13 de septiembre de 1976 se montó este testimonio de las obras del Circuito Interior. El Departamento del Distrito Federal (DDF) mandó a colocarlo ya casi por salir Echeverría de Los Pinos. Se podían ver los rumbos y destinos que se enlazan “para la racional distribución del tránsito”. El pequeño monolito estaba en la plaza elegida para la Estela, muy próximo al Pasaje Chapultepec y al desnivel vehicular sobre la calle de Lieja. A su derecha se ve un filito de la Secretaría de Salud ¿Alguien conoce el actual paradero de esta dedicatoria? (Foto: Ominorg, febrero 2009 / skyscrapercity.com)

Yo estuve delante de ella algunas veces y me volví loco estos últimos días buscando en mis archivos la foto que quizá jamás le tomé. Por suerte recordaba muy bien que había un esquema vial en ella —algo sumamente inusual— y de qué año era.

Esta imagen que conseguí es gracias a que alguien tan curioso como yo, fue al lugar cuando se supo que ahí se haría el monumento sin saberse aún cómo sería. Con este motivo, dice el autor bajo el nick Ominorg, al que agradezco mucho por su entrada de febrero del 2009 que incluye 15 imágenes: “Hola. Al día de ayer anduve de tour por mi ciudad y aproveché para hacer visita de campo al lugar en el que se construirá nuestro gran arco del bicentenario.”  (http://www.skyscrapercity.com/showthread.php?t=795724&page=5) Y en efecto, se hablaba de un Arco, así empezó todo.

Pero la pregunta prevalece: ¿Dónde está la placa que estuvo ahí por 35 años conmemorando un hecho planificado? Recorrí enteramente la plaza sin encontrarla; crucé la calle y revisé la glorietita donde ahora hay un vivero y no la vi; rodeé las dos casetas móviles de obra que aún permanecen a un lado del Pasaje Chapultepec y nada. No está. Será que no quieren ninguna placa por ahí para que no desmerezca la falta de lápida en la Estela. ¿Dónde está la celebración del Circuito Interior? ¿Era desechable? Desde luego que no.
Tiene que estar en alguna parte.

Se aprecia en la panorámica en su base blanca gracias a las imágenes que Google proporciona del contexto en este levantamiento meses antes de la obra. Y ¿dónde quedó la plaquita? Caray, ¡no era cualquier cosa!

Y así se veía el lugar en agosto de 2009. Se había ya levantado una malla de luces con la conmemoración del Bicentenario y Centenario. Abajo de ésta, en un plano más lejano, se ve el pequeño cubito blanco con su centro negro, ésa era la ubicación de la dedicatoria del Circuito Interior. La Puerta de los Leones es visible en el extremo derecho. En el extremo izquierdo el barandal amarillo rodea el paso vehicular subterráneo. El pavimento de la plaza es notable por su buen estado. (Foto: Google.com, 2009)

SIGNIFICADOS E INSIGNIFICADOS

No creo que deba tratarse de explicar esta obra a través de un texto preparado como el que alguna vez se publicó y aún puede encontrarse en la web. Creo que su sentir y su ser deben ser tácitos e implícitos. El mensaje debe ser sólido. Me coloco en la base de la Estela y entiendo que no hay un elevador por lo que sus 104 metros son un desperdicio por su inexistente mirador. Y justo es en ése punto donde también comprendo algo más: se parece tanto a un anuncio espectacular, con su base-poste (en este caso se ven ocho) y su estructura que soporta paneles a dos caras para sacar provecho al espacio.

Honestamente, no encuentro mi identificación como mexicano en este altísimo elemento. Las piezas de cuarzo están en franjas de 6 de ancho por lo que se extiende de altura, imposibles de contar en el sitio. Pero, ¿y la nacionalidad? ¿La abertura central supone algo? Es una espiga por cada 100 años, dicen, pero ¿cuál es cuál? Será que estamos desgarrados por el centro, partidos en dos y eso sí es representativo del estado del país. Pero no, claro que no es eso lo que se quiso decir. Pero por más que le busque, esta estructura no me habla. (Foto: Alain Prieto, 2012)

No encuentro mensaje alguno en ello. No ‘habla’, como decía Enrique Aragón Echeagaray (creador del monumento a los Niños Héroes y del Monumento a Álvaro Obregón) ni ‘concreta una acción, pero generaliza un ideal’ porque su discurso es demasiado conceptual o porque en realidad no existe. Y tampoco se entiende, no se adivina, no se intuye ni se identifica qué quiere decir este gigante. Enrique también decía que “La parábola y el símbolo necesitan explicarse. El profeta ‘abrirá su boca para hablar con parábolas’; el arquitecto construye con formas para hablar con símbolos”.

Pero este lugar no dice nada más allá que PUERTA CERRADA CON LLAVE, único mensaje dirigido al público que pude encontrar sin siquiera un membrete, un iconito, un escudo. Este letrero lo puede hacer cualquiera en 20 segundos en su computadora.

Oh, sí. Al fondo de la plaza hundida, tras las espigas, me encuentro con esta indicación para los curiosos que osaran entrar a este espacio. ¿Estamos ante la era del monument-mall? ¡Qué rico vacilón! (Foto: Alain Prieto, 2012)

 

¡Ah, aquí estaba la cinta de “Precaución” que hacía falta en la zanja! La pusieron de este lado para asegurarse que nadie entrara en esta rampa acristalada que lleva a los subterráneos. Ya sea que tengan sentido comercial o cultural, estarán desligados de la conmemoración y serán contrastantes con los viejos pasajes que no recibieron ni una lavada, caso el de las fonditas. (Foto: Alain Prieto, 2012)

La rodeo y tomo fotos a nivel de calle y no hallo un punto de referencia. No tiene un punto focal, un gesto estético sobresaliente que comunique algún bicentenario o aniversario o conmemoración de una gesta o algo. No hay manera de saber cuál cara es 1810-1910 y cuál 1910-2010, y de hecho son asimétricas porque arranca una más abajo que la otra. Me valgo de lo circundante para darle referencia. La plazoleta hundida de donde arranca la espiga no posee alguna geometría que implique un símbolo, simplemente es una plazuela que podría formar parte de un centro comercial o ser la antesala de un edificio o hasta parecer el foso de una gran alberca. Era más atractivo fotografiar la obra en proceso que lo terminado.

Triste y simplemente, no tiene personalidad.

Aspecto general de la plazoleta. No hay un sólo indicio conceptual, ni una sola textura alusiva al orgullo de cumplir 200 años. Me recuerda aunque más grande a muchas salidas y placitas del Metro, en especial de la Línea 7, que son exclusivamente utilitarias. (Foto: Alain Prieto, 2012)

Sus 24 escalones y 25 peraltes (incluido el descanso) no me hacen sentido numérico. ¿A qué están referidos? ¿A las horas del día? ¿Deberíamos de adivinarlo? Descubro con pena que sólo sirven para bajar y subir, para subir y bajar.

Peor aún, la huella de 53 centímetros (la medí) es demasiado ancha para un solo paso y muy pequeña para dos, por lo que la mecánica del paso es muy accidentada. Con sólo 8 menos, en 45 centímetros, hubieran conseguido una medida muy cómoda que alguna vez empleé en una escalinata de concreto con excelente resultado, ¿no pudieron probarlo los diseñadores? Yo soy alto y aun lo resiento, otras personas hacían casi el paso y medio con queja incluida.

Es lamentable la falta de detalle de la que es víctima este sitio pero más la falta de espíritu. La figura y construcción de las espigas y la geometría de la plaza no comunican nada. Se ve la huella de la cimbra en los muros, los huecos que dejan los moños (piezas metálicas para ceñir la cimbra y conservar el ancho diseñado de muro) y sin embargo no declaran nada. La textura visible es fruto del proceso constructivo, no de la búsqueda estética.

Ningún prócer o héroe ha sido vinculado a la obra, tal vez con toda intención, pero tampoco la Patria ha sido incluida. Nada separa este monumento de una escultura abstracta que podría haberse colocado en un complejo comercial. Pero mucho la separa de la misión que debería tener.

Me pregunto si le colocarán un distintivo póstumo.

Desde el puente peatonal provisional en Lieja, tomé esta imagen en diciembre pasado. Fantaseaba a que quedaba algo muy diferente a lo que se ve ahora. Ni modo, la ilusión es poderosa. (Foto: Alain Prieto, 2011)

DEPENDENCIA SÍ, INDEPENDENCIA, ¿DÓNDE? 

Se trata del primer monumento en el plano de los grandes (Hemiciclo a Juárez, Monumento a los Niños Héroes, Columna de la Independencia, Monumento a la Revolución) que sufre de dependencia tecnológica. ¿Cuánto costará un solo día de suministro eléctrico del que depende su coqueta imagen? Sí, hay que encenderlo todo el tiempo. No observo ningún panel solar que justifique o soporte el alumbramiento nocturno que pude observar el lunes. Lo curioso es que apagada produce casi el mismo efecto mudo, industrial y pálido.

Se pueden ver las tonalidades de los tableros de cuarzo durante el espectáculo. Tampoco encontré diferencia entre esta exhibición y algunos árboles navideños gigantes populares por estas fechas. No me dijo nada el juego de luces que pudiera sugerir soberanía o reconocimiento a quienes nos dieron Patria. (Foto: Alain Prieto, 2012)

Esta imagen de Google es de cómo se veía el sitio en cuestión en noviembre de 2008. El enorme arbolito navideño, un símbolo por sí mismo de la fiesta que representa, se levanta prácticamente en el mismo punto que la Estela. Esta imagen no pudo haber sido más oportuna. (Foto: Google.com, 2008)

Es cierto que causó expectativa entre los que nos reunimos ahí y corrió la voz de que cada hora se prende aquello. Pero inició y sólo es bicolor: luz amarilla y luz blanca que de pronto se acerca al azul. El juego es muy sutil y poco espectacular. La gente enmudecida anhelando que suceda algo sorpresivo como en las malas películas: seguro va a mejorar, viene algo que me hará brincar del asiento. Pero no. Ahí sigue. Una secuencia muy aburrida y entonces aparece un cambio relativamente alentador. Ahora corre la luz en franjas verticales y se hacen unas figuras geométricas que la verdad tampoco dan a entender nada y que terminan muy pronto para dar paso a la iluminación total amarillenta y fija.

¿Alguno de ustedes le haya el modo? ¿Hay que decodificar algún mensaje? Es demasiado para mí.

POST PESTUM FESTUM

El dicho en latín es en realidad al revés: “Post festum, pestum”, y significa que luego de que hay una fiesta siempre queda basura. Hasta ahí es normal que estas tiritas bicolores que por todos lados se aventaron el día 7, estén ahora entre las cerdas de las escobas que las barren desparramadas por doquier. Los cúmulos de basura siempre fieles están presentes también a un lado rodeando a la insigne Secretaría de Salud que es probablemente el inmueble gubernamental con el entorno más sucio, como paradoja o colmo de colmos. Aquí parecería que vendrá la fiesta después, cuando la peste sea controlada, y eso es lo que espero, por el bien de la humanidad.

Sinceramente no esperaba ver a tanta gente todavía batallando en el nuevo monumento. Esas tiritas, lanzadas la noche del día 7, son una lata para barrer. A esta persona y a su cuadrilla le tocó levantar los platos rotos ante la mirada de los curiosos que fuimos ese día. (Foto: Alain Prieto, 2012)

El enclave llama la atención sin duda por los elementos sobresalientes que lo flanquean. La Secretaría de Salud es obra de Carlos Obregón Santacilia (1896-1961) quien fue bisnieto de Benito Juárez, al que Porfirio Díaz admiraba y hasta le construyó su monumento de la Alameda. La obra de Obregón Santacilia (mi tocayo de cumpleaños) ha sido muy admirada por el uso del cobre en los pasos suspendidos que conectan las secciones del edificio, así como por su robustez cercana al Art Decó y su manejo de neoindigenismos, muy comunes los últimos años 20 y primeros 30. Él también fue responsable del Monumento a la Revolución y del Edificio Guardiola del Banco de México, el que está en Madero y Eje Central, frente a la Latino. Por desgracia, los anexos de la SSA son una vergüenza y la barda original lleva tapiada años en espera de una remodelación.

En admirable buen estado, esta obra octagenaria se aprecia digna. El mascarón entre ventanas es uno de varios que fueron pensados como símbolos humanistas en las fachadas. El puente es un elemento funcional pero de gran belleza por su revestimiento de cobre, algo que resultaría sumamente caro hoy en día. En primer término se ve la inscripción “E Higiene” en esta jamba de piedra que es el complemento de “Salubridad” grabada en la pieza a la izquierda, ambas rematadas por arbotantes que aún encienden. Esta tipografía se usó en esa época y se ha vuelto clásica. (Foto: Alain Prieto, 2011)

Su vecino incómodo es el paradero del Metro Chapultepec. Este distribuidor aloja a decenas de rutas y tiene un anexo en la calle de Tampico de donde parten trolebuses. Hace mucho que está invadido de comercio informal, y hace mucho también que pide una dignificación, el lugar es un desastre. Frente a la Estela, se levanta ni más ni menos que la Torre Mayor, muy icónica tanto del campo de la economía nacional como de la ingeniería que la levantó. Todo ello sucede en los confines de las colonias Condesa y Juárez, Paseo de la Reforma de por medio.

Y así, drámaticamente maltratado, salen por este andén cientos de unidades día a día. Esto sucede a 150 metros de la Estela, en los dominios de su vecino incómodo. (Foto: Alain Prieto, 2012)

 

Gracias a la magia de Google, puedo mostrarles cómo es cierto que los cangrejos caminan para atrás. En junio de 2009, el pavimento se veía así en el mismo punto en que tomé la foto de arriba (ver sanitarios verdes). Aquí urge un rodamiento de concreto, no hay más. (Foto: Google.com, 2009)

No obstante el interesante entorno, el descuido es patente. Chapultepec, cuyas artísticas rejas colindan con el paradero se ha salvado gracias a intervenciones que lo aíslan de esto y sin embargo no lo engalanan como deberían. La tierra de nadie que abarcan los andenes de camiones y microbuses, apenas y son barridos por el Gobierno del Distrito Federal. Un cuerpo de sanitarios en terrible estado, una fuente abandonada, tejabanes improvisados para pasajeros, accesos al Metro y altares religiosos, hacen la estructura urbana de este predio. El pavimento por el que se mueve el transporte público es un campo minado y algunos parabuses inútiles de Clear Channel sólo estorban el desplazamiento de los usuarios con tal de vender publicidad. Como adición permanente y flagrante, los puestos que mercan desde comida hasta piratería, se apropian de lo que deberían ser las banquetas y camellones y vuelven esto una romería que embrutece el libre paso y a todos hace perder tiempo y aire.

Así se veía el avance de la Estela desde el paradero de Chapultepec a principios de noviembre del año pasado. La obra se aceleró tras superar la cimentación, lo que llevó más de un año. (Foto: Alain Prieto, 2011)

Todos los días, cientos de kilos de basura se concentran aquí. Hay al menos tres depósitos que emanan serios hedores y que están a la vista de todos. Qué pena con los turistas nacionales y extranjeros, de verdad.

A lo lejos el Castillo de Chapultepec; a la derecha la Secretaría de Salud; bajo el tiradero, las rejillas de respiración del Metro. Esta escena se da todos los días; tan es así que alguien más (pointer negro) también aprovechó para tomar algunas fotos de este increíble cúmulo de desechos ya tradicional en el lugar. ¿O me estarían espiando? (Foto: Alain Prieto, 2011)

Y así convivimos cientos de miles de personas al día. Un Chapultepec grotesco. El Chapultepec inmundo y utilitario.

LA FUNCIÓN Y LA DISFUNCIÓN

Y el chico rico y nuevo de la cuadra fue a ponerse a un lado de todo esto pero no atrajo la modernización de su barrio como haciéndose el desentendido, dejando claro que no se ocupará de sus avejentados condóminos. No hay ecosistema, sólo colonos aislados.

La función principal del recién estrenado, al perecer pretende ser la prendida y apagada de aquella torrecilla tan alta como un edificio de 30 pisos. La convocatoria se le da gratis: la gente pasa por ahí en cantidad rumbo a su trabajo, a la escuela, al paradero, a pasear por el Bosque, al Metro y a un sinfín de actividades. Así que causa extrañeza primero por fin poder pasar por ahí, aunque por el caminito de tierra que las constructoras del siglo XXI no pudieron dejar terminado y entre el tapial metálico del que aún quedarán vestigios por semanas y tal vez meses. Segundo, llama la atención lo que aún no opera, lo que está debajo de la plaza hundida y que es resguardado por puertas y canceles como si fuera la entrada de un corporativo. ¿A quién se le ocurre que un sitio público semi abierto es razonablemente práctico con puertas que se abren y cierran? En el Metro Insurgentes se llegó a la conclusión de que unos toscos torniquetes giratorios sobrevivirían en algunas de las salidas de la estación hacia la espectacular glorieta, y ahí siguen.

Sí, además de tratar de descifrar la Estela, fue interesante ver como los presentes veíamos con curiosidad el andamiaje y las puertas cerradas CON LLAVE. (Foto: Alain Prieto, 2012)

Estos canceles de la nueva Estela son restrictivos, muy frágiles y muy cuestionables. ¿El espacio es público o qué? ¡¡¡Tienen llave las puertas!!! ¿Y a dónde llevan? ¿Y para qué? Esta es la disfunción de este ágora, un elemento abierto restringido y poco resistente.

¿Y la conmemoración se guarda adentro o dónde quedó?

Desde Torre Mayor se asoman a verla y las siluetas de los inquilinos del edificio más alto de Latinoamérica se aprecian a simple vista. Muy mediana y poco útil resulta la idea de que cada hora una secuencia de luces juegue con la vista de los espectadores puesto que esto sólo puede apreciarse a partir de las 6 o 7 y no sé a qué hora concluye. Pero no es reloj, no tiene esa vocación. (Foto: Alain Prieto, 2012)

ALGO QUE RESCATAR

Me encuentro con un turista colombiano que toma fotos y me pregunta a qué hora encienden la Estela. Basado en una prueba que vi por la noche el 19 de diciembre, le digo que hacia las 6 o 6:30 de la tarde. Me dice que se deberá de ver en funcionamiento para dar una opinión y es curioso que lo mencione porque será un monumento que debe ‘funcionar’ además de estar ahí de pie todo el día. Y coincido, pero le comento que me parece muy desangelado y con la estructura aparente (es decir a la vista, cosa que pensé resolverían de otra manera) no me convence. Me dice que falta una tapa por detrás de cada cara; yo le digo que supongo que quedará como se ve; le comento que la Estela se debió entregar en septiembre de 2010 y se sorprende. Él me dice que a la Torre Eiffel no la quería la gente al principio y tiene razón. “Luego con el tiempo las personas como que le vamos dando otro valor, hay que esperar”, dice.

Close up. Esta es la Estela como está a la vista de todos. Aclaro que no es un anuncio espectacular del Periférico. (Foto: Alain Prieto, 2012)

Como una ironía, Clara Guadalupe García y Ricardo Orozco, en el sitio metropolisciudaddemexico.com, citan de El Monumento a la Revolución, Simbolismo e Historia (SEP, 1960), de autoría del arquitecto mismo, que “Finalmente, tras cinco años de titánico esfuerzo, el monumento fue concluido. Sin inauguración oficial, comenzó a ser visitado y utilizado para concentraciones masivas. Ahora, el monumento a la Revolución es, sin duda, una de las construcciones que identifican a la ciudad de México”. Oh, oh. ¿A cuál monumento les recuerda? Bueno, la Estela sí tuvo inauguración oficial, con fuegos artificiales y música y discurso, pero es presunta la inauguración porque, como decía al principio, no está terminada ni en servicio total su enclave.

Y es verdad: con los años, la visita al azar o planeada y las vivencias en este nuevo y comentado lugar darán dimensión a la experiencia humana. Le platico al turista sobre la Puerta de los Leones —que estaba cerrada— y cómo es producto de las ideas de Maximiliano y cómo se enlazan estos acontecimientos desde el Monumento a los Niños Héroes hasta el Ángel vía Reforma. Le toma fotos a la puerta y a 350 metros de distancia mira las columnas de Enrique Aragón y el Castillo que las corona en lo alto del cerro. Me dice con el estilo de Colombia: “La Ciudad de México es muy guapa”. Nos despedimos y le deseo suerte.

Los leones miran a la Estela. Ellos llevan ahí casi 150 años y son fundiciones francesas del famoso escultor Ferdinand Barbedienne quien trabajaba en París en tiempos de Maximiliano, cuando se concibió enteramente el Paseo del Emperador, luego llamado de La Reforma. (Foto: Alain Prieto, 2012)

En la esquina inferior izquierda el óvalo blanco es el Monumento a los Niños Héroes; parte de ahí en diagonal la Calzada de la Juventud Heroica que vuela sobre Circuito Interior (José Vasconcelos) marcado con amarillo, y culmina en el terreno donde ahora queda la Estela frenta a la SSA (forma de bumerang). Al final, ya pasando Reforma, se ve el helipuerto de Torre Mayor con su distintiva forma de ojo. (Foto: Google.com, 2009)

A las 7 de la noche y minutos camino de vuelta hacia el sitio y veo a unas cuadras cómo se ilumina completa al menos la cara sur y hay un juego de luz muy pálido. Al llegar, tres minutos después, ha concluido. A las 8 presencio con privilegio dos aspectos: cómo se comunica esta moderna y plana Estela y cómo nos comunicamos nosotros con ella. Creo que no hay mucho que decir. La gente continúa sacándose fotos con la fotogénica obra -lo que es producto de su sencilla figura- y concurriendo a este sitio por el contagio de los demás o la información que ha circulado, pero algunos extrañamos el que diga mucho más; el que se manifieste y se haga pertenecer.

Muy respetuosamente nos congregamos ante el monumento. Las gradas-escalones son de lo que pienso placas de granito que espero sean lavables de graffiti, chicles, aceites y cualquier otro posible manchón. No hallo espacio para ofrendas de aniversario, salvo quizá por los cuatro cilindros frontales que emergen del suelo, quizá la razón de que estén al descubierto. (Foto: Alain Prieto, 2012)

Con cierta admiración, admito, la gente se reunió aquí este lunes. La Estela parece cumplir con el abrigo que debe obsequiar a los ciudadanos. El sitio se percibe seguro y la concurrencia es lo más democrático que he visto en mucho tiempo. Casi cualquier mexicano está representado ahí.

En las escaleras nos sentamos porque no se han provisto bancos o descansos para ese fin. Así que nos ensuciamos de las pisadas del prójimo que trae tierra del paradero y todo lo que las suelas hallan a su paso por ahí. La promiscuidad del suelo es pecata minuta. La gente parece interesada y asombrada de ver aquello que no existía hace apenas 7 meses cuando por fin las piezas comenzaron a elevarse sobre los cimientos.

La noche oculta los defectos y los trastos que han dejado por ahí en la retirada las tropas de la constructora que se afana en remover el resto de las láminas que circundaron más de dos años este escenario.

No hace frío, no hay casi viento y un niño juega con su camioncito que seguramente los Reyes Magos le trajeron apenas hace unos días. Sus papás lo cuidan y toman fotos. Finalmente el lugar los llamó, los invitó.

El barandal perimetral permite ver el campo hundido desde el nivel de calle. En esta perspectiva tampoco se localiza un significado geométrico o alguna intención simbólica que atraiga la mirada. Sólo es como estar arriba para ver lo mismo que abajo y tener la excusa de observar sin malicia a otras personas. (Foto: Alain Prieto, 2012)

Un grupo de amigos canta al son de un par de guitarras en los primeros escalones-asientos. Otros rodean la base de la construcción queriendo desentrañar el truco de las luces. Algunos más la observan desde el barandal de vidrio cuatro metros arriba. Los rostros ya en plena noche pueden distinguirse bien a 30 metros gracias a la iluminación del monumento. Miramos la Estela y algunos han decidido esperar a las 9 para volver a ver la función. Yo me voy.

No sé si llegará a ser querida y amada la Estela. Pero sí sé que necesitará un elevador, una dedicatoria cincelada o en bronce o graffiteada o como sea, y algo que la identifique y que le dé el valor que no supo adquirir por su sola presencia. El manual de cómo hacer un monumento, que tantos antes preparon, se extravió.

A mí me parece un objeto sin voz. Un espacio sin expresividad. Una cansada trama de piececitas. Una maqueta de rascacielos hueca. Una mazorca sin sex appeal.

Y por encima de todo, lo lamento. Me hubiera encantado escribirles que el Caminante se enorgullecía de este artefacto del que aún hace semanas guardaba más esperanza. Sin embargo, jamás se podrá negar que ha dado mucho de qué hablar.

Ahora sólo puedo concluir que me siento ajeno a él. Que la Estela encendida carece de luz por la noche y por el día también. ¿Qué más daban otros cuantos meses si pudieron entregar algo bien terminado aunque carente de representatividad? De todas formas la noche ya había caído.

La ingeniería que levantó este silencio, queda ahí para probar algo. No sé qué pueda ser. (Foto: Alain Prieto, 2012)

Como siempre, mis afirmaciones y necedades están abiertas a la discusión con ustedes, queridos caminantes. No encontrarán en ellas ninguna calentura política sino la total objetividad del análisis del sitio y del sujeto de este texto, un denominado monumento que puede debatirse como tal.

Pero me gustaría, ya para terminar, que consideraran estas palabras de Enrique Aragón —cuyo padre fue psicólogo y maestro— al que he citado ya varias veces y se me hace de lo más oportuno, ya que él creó al menos dos de los monumentos más importantes del país y además escribió y participó en el campo urbano con mucha pasión. Tomo estas palabras de su texto Los Monumentos Hablan. ¿Qué piensan de esto? ¿La Estela alcanza el objetivo?

“En su serena quietud los monumentos tienen el privilegio de lograr la íntima comunión del pasado con el presente y el futuro. Prolongan, con el recuerdo, la existencia de lo que fue y la plasman inmortal. Expresan un mundo cuyo panorama se ilumina con la luz del pasado y con la nueva aurora del porvenir. Glorifican y eternizan. Enseñan y amparan. Son ejemplo y consuelo; escuelas de conducta humana y baluarte de nacionalidad”.

Vayan cuando puedan a ver la Estela y reporten desde el lugar sus impresiones. Les estaré muy agradecido. A veces también hay que documentar aquello con lo que no estamos de acuerdo.

Hasta muy pronto y gracias por caminar conmigo en este 2012 que comienza.