”Coming up, like a flower, coming up I say…”
Paul McCartney
(Foto: Alain Prieto Soldevilla )
Lento, pero seguro. Así me tocó el Metro ayer un hermoso domingo y ya me estoy acostumbrando a lo mismo en este blog so pena de provocar bostezos a mi querido público usuario. El otro día en un viaje: “La persona que está impidiendo el cierre de puertas, cuando quiera, para que reanudemos la marcha. ¡Gracias!”, y eso que los conductores ocupan poquísimo el sistema de sonido. Me provocó bastante risa y a otros también.
Pero a lo que iba. Denominaré esta entrega como:
ESTUDIO DEL PEATÓN SUBTERRÁNEO
El peatón subterráneo es todo usuario del Metro aunque deambule por estaciones de superficie. Esta abundante especie se distribuye en pasillos, escaleras eléctricas y fijas, taquillas, pasos perdidos, torniquetes, changarritos interiores, puntos de referencia y andenes, principalmente. El hábitat bajo tierra es variado. Los ecosistemas mutan algo de Línea en Línea y de parada en parada, se percibe. El peatonis subterranensis como puede ser su nombre científico no autorizado, es un ser de costumbres y que además existe en diferentes subespecies principales. Es primo hermano del peatonis terraqueus común. De aquí se desprenden: los veloces, los a ritmo, los lentos y los muy lentos. Otra clasificación abarca a los enamorados, los adormilados, los distraídos, los ansiosos, los conchudos, los inadaptados y una más a los mutantes transgresores. Una rama muy importante es la de los que presentan desventajas manifiestas. Conocidos los actores, veamos cómo se comportan y cuál es la problemática ante ciertas conductas que insisten en ejecutar.
CUESTIÓN DE VELOCIDADES O PASILLOS PARA PASEAR
Un peatonis promedio camina a 5 km/h en un movimiento continuo y fluido, mientras que en comparativa un marchista olímpico alcanza cerca de los 15 km/h. El asunto está en que ciertas especies no se adaptan a un desplazamiento razonable y aclaro “razonable”: el que permite que los de atrás no detengan su marcha por toparse con alguien que viene auténticamente a dos por hora. Variedades como los enamorados y los conchudos suelen olvidar por completo en dónde están caminando. El Metro está diseñado para facilitar el desplazamiento y transportación de las personas en el menor tiempo posible: para eso sirve. Es extraordinario estar enamorado, y aunque hay parejas que caminan bien sincronizadas y a buena velocidad, otras aprovechan los trayectos entre transbordos o hacia las salidas para platicar mientras andan a pasito tun-tun. Puede ser falta de tiempo o de ocasión para que una cita en pleno Metro sustituya a algún parque. Es bueno tomarse un respiro pero otro asunto es caminar justo por en medio y no “espejear” para tener tantita consideración a los que quieren pasar. Tómate tu tiempo, pero no tomes el de los demás.
Punto y aparte están los tipo conchudos quienes no tienen ni siquiera la excusa de tomar el paso de alguien ya que casi siempre van solos. Aquí el comportamiento es de desdén absoluto. Se les reconoce por aparentar estar cansados (en algunos casos es cierto) o que se dan más taco para caminar mientras van distraídos, abanicándose con algo, jugando con una bolsa, botella de agua, mochila o MP3 o nomás viendo para todos lados. Bien por ellos, pero mejor podrían arrimarse a un espacio más abierto hacia salidas o escaleras y quedarse un rato ahí, sin estorbar, a ver pasar a la gente. En términos de tránsito, también conducir a muy baja velocidad puede ser motivo de infracción.
ESCALERAS PARA SUBIR Y OTRAS PARA SUBIRSE
Acá sucede algo curioso. Las escaleras eléctricas son cruciales en estaciones muy profundas como las de la Línea 7. Por ejemplo, San Pedro de los Pinos requiere 156 peldaños (si no se me ha olvidado la cuenta, de lo contrario la corregiré) para llegar a andenes o salir a la calle. Son cerca de 25 metros de profundidad. Las escaleras mecánicas para muchos son la bendición. Hay otras estaciones donde con un par de tramos fijos —quizá unos 30 peraltes— ya se está en posibilidad de tomar el tren. Sean unas u otras, la rama de los inadaptados y los transgresores, los cuales comparten el rasgo de ser flojos, toman siempre las eléctricas pero no reparan en que hay gente subiendo al ritmo que marca el motor (aceptable) y aprovechan para reponerse un poco. Los individuos arriba identificados, hacen hasta lo imposible por avanzar entre la gente con el mínimo de esfuerzo que proporciona la comodidad de las motorizadas, mientras que las fijas, las normales, en muchas ocasiones están vacías, desperdiciadas, subutilizadas. En vez de andar repartiendo codazos y “compermisos”, ¿por qué no suben por las duras y a su propio y desesperado paso? Respuesta: se agotan. Las escaleras fijas son para andarlas a paso constante y aquí casi nadie se retrasa, pero ¿cuántos suben o bajan el equivalente a 8 pisos por ahí? Cuando yo lo hago es por ejercitarme, por experimento o porque las eléctricas no funcionan. Si la eléctrica lleva una o dos personas que se están tomando con toda calma su ascenso o descenso, veo válido que alguien las ocupe a paso más acelerado. De lo contrario hay que respetar a los usuarios o en su defecto agarrar pa’rriba por las macizas.
VOY SOLITO Y NO ME QUITO
Esta es una estampa clásica: el o la peatonis pavoneándose o llevando con toda amplitud sus cosas a cada lado de su humanidad, ocupando mucho más de lo indica la norma de diseño por persona. El estudio que aquí se hace, arroja que no toman un solo carril, no andan de manera regular y únicamente ven para enfrente, probablemente para no caer o chocar con otro individuo. El peatonis además puede ser de la especie lenta o muy lenta lo cual incrementa la posibilidad de que propicie un atorón en hora pico por la forma de desplazarse. Estos peatonis pueden hacer economías de espacio al cargar sus tiliches de un sólo lado pero por lo común prefieren mostrar todos los colores de sus bolsas de compras al resto de la manada. Cuando hay pequeños peatonis en la escena, muchas ocasiones se extiende la procesión. Además de abarcar de lado a lado el pasillo, van a paso corto. Es frecuente ver que los jefes de familia no toman a sus niños y los protegen de la estampida, sino que los exponen y a la vez detienen el servicio útil del pasillo o escalera. Ciertos padres sí resguardan a los menores colocándolos delante suyo o ligeramente abiertos sin soltarlos de la mano. Así mantienen contacto y control y pueden obviar algo de espacio. Es cosa de conciencia.
ME VALE, AL CABO NO ME CONOCES
Imposible dejarlos fuera. Los trangresores mutantes que no saben ni subirse, ni bajarse, ni pararse ni sentarse en los vagones, tampoco fueron dotados por la naturaleza con la capacidad de desplazarse correctamente en áreas comunes. No han visto evolución: se meten entre los demás, se paran a medio camino (porque en su raciocinio limitado están ellos primero que todos), empujan feo y con torpeza para subirse o son de los que se quedan adentro sin dejar bajar porque nadie los mueve de su puerta favorita. Caminan en sentido contrario al flujo, barandal de por medio, porque los que van para su mismo rumbo le impiden avanzar rápido y hacen su unifila india a expensas de los demás. También una cantidad importante de vendedoris ambulantis, subespecie próspera pero dañina y promiscua —simbiótica al peatonis— crea sus territorios y desfigura los espacios destinados a caminar. No es capaz de calcular distancias y su sentido espacial es mínimo. Adheridos a escaleras y pasillos, son un motivo frecuente de conflicto. Con todo, su número no es importante, por lo que el resto de las especies, particularmente los de paso veloz o a ritmo y los de desventajas manifiestas para movilizarse, los superan.
Aún así, la convivencia allá abajo requiere participación y paciencia; tolerancia y prudencia. En Metro Hidalgo (enlace entre Líneas 2 y 3, de las más largas del Sistema) recién colocaron ventiladores con un serpetín que suministra agua. La brisa es reconfortante ante las temperaturas registradas últimamente en el subway capitalino que reportan ¡hasta 55°C! Justo ayer me tocaron otra vez esas deliciosas aspas ante ríos de gente que iban y venían y cruzaban y transbordaban hacia un experiencia más.
A todos deseo felices viajes en cualquier medio terrestre, aéreo o acuático ya sea muy ecológico o no tanto. No hemos terminado; vuelvo con la parte 4.


